Olor a guardapolvo

Desarrollé mi vocación docente a través de los años de mi infancia y los recuerdos felices que quedaron grabados en mi memoria, todos vinculados a la escolaridad: las amigas, los primeros amores, el coro del colegio, y más adelante el centro de estudiantes y la política.
Hoy tengo que preparar los útiles y los uniformes de mis hijos para volver a empezar mañana, no sin cierta tristeza por tener que asumir que mis hijos no llevan un guardapolvo blanco, no viven la sensación de la escuela pública, nuestra, de todos.
Seguramente mis padres confiaban en ese gran colegio, esa directora experta y su personal docente. Si el Estado controlaba su funcionamiento, ¿por qué dudar de su calidad, de su seguridad, de la integridad de la formación que brindaba la escuela Normal? A mis hijos les tocó vivir otra época, más parecida a la de una guerra civil donde hay que cuidarse de todo y evaluar cada lugar al que vamos sin presuponer que la gente hace bien su trabajo.
Público, privado, con fama o sin ella, no podemos entregar a nuestros hijos con los ojos cerrados porque cualquier cosa puede pasar en cualquier lado. Pero eso no es lo peor. Lo más triste es que los chicos no pueden vivir en una burbuja. En mínimas dosis la realidad debe entrar en sus vidas y ellos tienen que desarrollar los callos sin quebrarse definitivamente. ¿Cómo lograrlo? ¿Cómo vivir tranquilos en esta cuadra donde roban autos? ¿Cómo enseñarles a no abrir la puerta sin que crean que todo lo que hay afuera es peligro? ¿Cómo decirles que no tengan miedo, pero que no den datos cuando alguien llama por teléfono? ¿Cómo hacerles sentir la seguridad necesaria para crecer y a la vez advertirles sobre los peligros del chat?

Siento el olorcito del planchado con apresto sobre la tela de acrocel de un guardapolvo inexistente que extraño mucho… y me pregunto si alguna vez podremos recordar esta época con alivio, una vez que recuperemos la cultura, la educación y la salud pública que este país supo tener.

1 opinión en “Olor a guardapolvo”

  1. Hola Iris:
    No sé qué responder, porque tengo los mismos interrogantes, y aunque me aferro a la esperanza de que el mundo siempre debe marchar para mejor porque la mayoría así lo queremos, la realidad pareciera contradecirme.

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